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El volcán de Krakatoa
Por Damià Figueras.

La pregunta es: ¿cómo puede un volcán explotar?




Diez de la mañana del 27 de agosto de 1883. En una isla de Indonesia sucede uno de los eventos naturales más impactantes que ha vivido la humanidad: explota el volcán de Krakatoa.

Sí, digo explota porque la erupción no es el suceso importante, sino un desencadenante de la explosión. La pregunta es: ¿cómo puede un volcán explotar? Pues bien, hay diversas teorías, aunque la más popular es la que conjetura que el agua del mar consiguió acceder a la cámara magmática del volcán, solidificando al instante la capa superior y acumulando grandes cantidades de vapor, lo que produjo una presión exageradamente elevada en el interior. ¿El resultado? Una olla exprés de dimensiones magnas.

De una forma u otra, el 27 de agosto de 1883 a las diez de la mañana se produjo una de las explosiones registradas más potentes de la historia. Vamos a dar algunos datos para poner en contexto la magnitud de dicho suceso. La onda expansiva de la explosión dio la vuelt aproximadamente 3,5 veces a la Tierra. Se sabe gracias a medidores de presión repartidos por todo el mundo, que llegaron a detectar la onda expansiva hasta 7 veces: 4 alejándose del volcán y 3 acercándose.

Se estima que la explosión fue de unos 200 megatones (1 megatón equivale a una explosión de 1.000.000 de toneladas de TNT), es decir, una explosión equivalente a la friolera cantidad de 200.000.000.000 kg de TNT. Pero hablemos de datos que a lo mejor nos suenan más familiares. Comparemos con la famosa Little Boy, la bomba atómica que se detonó en Hiroshima. Esta bomba tuvo una explosión de 15 kilotones, que en perspectiva, frente a los 200 megatones del volcán de Krakatoa, supone una explosión 13.300 veces más pequeña. Imagina que un volcán, sólo por fuerzas de la naturaleza, generara una explosión equivalente a lanzar 13.300 bombas de Hiroshima.

Esto produjo un estruendo de nada más y nada menos que 310 decibelios. Puede no parecer tanto, dado que el concierto con el récord histórico de sonido alcanzó los 140 dB (lo que ya se encuentra por encima del umbral del dolor). Lo curioso de esta comparativa es que los decibelios no aumentan linealmente, sino logarítmicamente. Por lo tanto, para pasar de 10 dB a 20 dB no duplicamos el sonido, lo hacemos 10 veces más fuerte. Así, podemos determinar que la explosión del volcán de Krakatoa fue 100.000.000.000.000.000 veces más potente que el concierto más ruidoso de la historia. El sonido de la explosión llegó hasta la isla Rodrigues, a 4.800 km de distancia, lo que sería lo mismo que decir que, si explotara en Barcelona, se llegaría a escuchar en la República Democrática del Congo o en Uzbekistán.

Otro suceso derivado de semejante explosión fue la liberación de una ingente cantidad de dióxido de azufre (SO2). Se estima que se liberaron entre 15 y 20 toneladas de este componente a la atmósfera, lo cual produjo algunos efectos realmente impactantes en nuestro mundo a escala global. Uno de ellos fue lo que se conoce como invierno volcánico. Debido a la gran cantidad de partículas de dióxido de azufre en la atmósfera que bloqueaba los rayos del sol, los siguientes 4 años después de la explosión fueron 0,5 °C más fríos. Esto derivó en récords históricos de nevadas y lluvias en muchas partes del mundo. No solo eso, sino que los meses posteriores a la explosión y debido también a esa gran cantidad de partículas en el aire, los atardeceres cobraron un color y una intensidad muy por encima de lo habitual. De hecho, muchos artistas intentaron retratar esos paisajes tan sorprendentes. Uno de ellos fue William Ashcroft, Pechuël-Loesche en muchas de sus acuarelas quiso inmortalizar asombrosos sucesos de los cielos debidos a la explosión. Incluso se cree que el cielo de El Grito de Edvard Munch podría haber sido real, y no una exageración del artista o cielos como el de Los descargadores en Arlés, cuadro pintado por Vincent van Gogh También pudieron estar inspirados por este suceso.

Como conclusión, creo que este suceso natural nos muestra la brutal y descomunal fuerza de la naturaleza cuando se lo propone. Personalmente, no acabo de entender cómo su magnitu resulta prácticamente desconocida, ¿quién sabe? A lo mejor no hizo el suficiente ruido como para ser escuchado.

Este artículo toma como referencia y fuente de inspiración el trabajo de Luis Horas, cuyo contenido puede consultarse como medio de información y profundización en

youtube.com/watch?v=yDAh7glFUQE&themeRefresh=1
Litografía de la erupción del Krakatoa, publicada en 1888 en el Informe del comité científico creado por la Royal Society Publicación de la Universidad de Harvard (George James Symonds, Ed).



El grito, Edvard Munch, 1893. Óleo, temple y pastel sobre cartón.
Galería Nacional de Noruega, Oslo.
El cielo en Chelsea, Londres, tal como lo vio el pintor William
Ascroft, alrededor de las 4:40 p. m., el 26 de noviembre de 1883.
Luz roja difusa procedente de la erupción del Krakatoa, vista desde Jena, Alemania. Pechuël-Loesche. 24 de abril de 1886.
Sellos postales de Indonesia (1983) que conmemoran el 100.o aniversario de la explosión del volcán Krakatoa (1883), con representaciones del volcán y un mapa de la región afectada.